La infancia es una etapa caracterizada por la capacidad de aprender y qué mejor forma de hacerlo que a través del descubrimiento, en un clima de respeto, confianza y motivación, compartiendo el espacio con una mascota.

La interacción con los animales nos permite crear un vínculo y un puente hacia los aprendizajes.

A veces pensamos que tener una mascota puede ser una carga, que los niños y niñas no se van a encargar y que al final va a ser un trabajo añadido, sin embargo, nos sorprendería lo que vivir con una mascota puede suponer para el desarrollo emocional, la adquisición de rutinas y responsabilidades de los más pequeños.

Estos son algunos de los beneficios que el contacto con los animales puede aportar en el desarrollo de los niños y niñas:

  • Fomentan el aprendizaje por descubrimiento.
  • Nos ayudan a mejorar y desarrollar la empatía.
  • Facilitan las relaciones interpersonales.
  • Favorecen el contacto afectivo y las habilidades emocionales.
  • Ayudan en el respeto de las normas y la adquisición de responsabilidad.
  • Se incrementan los sentimientos de aceptación.

Pero, para poder ver y disfrutar estos beneficios, lo que está claro, es que hay que preparar a los niños y niñas, hacerles partícipes del cuidado de las mascotas y ser los adultos los primeros en ser conscientes de que la organización es muy importante, sin por ello, dejar de disfrutar de todo el proceso.

Vemos algunas sugerencias que se pueden incluir en las rutinas diarias:

NOS PONEMOS GUAPOS Y GUAPAS

Al igual que las personas, los animales necesitan unos cuidados; incluir la rutina del cepillado o mantenimiento de nuestras mascotas tras la nuestra, ayuda a los niños y niñas a comprender su importancia. Si compartimos ese tiempo con ellos, se convertirá en una actividad lúdica que disfrutarán.

APRENDEMOS: autonomía en el aseo, prestar atención a las partes del aseo: lavarse las manos, dientes, cepillado, etc.

¿QUÉ COMEMOS HOY?

Dar la oportunidad de que sean ellos los que se encarguen de la alimentación de las mascotas. Si establecemos un horario será más fácil que lo recuerden, por ejemplo, antes de comer o cenar, que se aseguren de que la mascota también tiene su comida.

APRENDEMOS: a valorar la alimentación, a ser conscientes del momento de la comida y autonomía a la hora de comer.

¿NOS VAMOS? SALIDAS Y PASEOS

Si nuestra mascota es de las que necesita pasear, esta puede ser una actividad muy reconfortante. Podemos elegir una salida diferente cada día, pasear por el parque, el camino a casa de los abuelos, la visita a unos amigos… Tener el collar, correa y bolsas en la entrada, junto a nuestras cosas necesarias para salir, les recuerda que también debemos preparar a nuestra mascota.

APRENDEMOS: a realizar actividades fuera de casa, a ser responsables de la mascota en la calle, a preocuparse por su bienestar.

JUGAMOS JUNTOS

Dependiendo de la mascota que tengamos podremos realizar unos juegos u otros, existen infinidad de juguetes para mascotas, desde pelotas para los perros hasta cañas de pescar para jugar con los gatos. Si nuestra mascota es un pez o un pájaro podemos disfrutar observándola y haciendo algún dibujo o inventando historias sobre ellos. Sea cual sea nuestra mascota, lo importante es que el rato que pasemos jugando sea un espacio para la estimulación y sea motivante, respetando siempre las características de cada animal.

APRENDEMOS: a divertirse compartiendo los juguetes, a darle importancia a los seres vivos y a respetar sus tiempos.

Es cierto que para realizar todas estas tareas muchas veces necesitarán ayuda, también dependiendo de la edad podrán realizar unas tareas u otras. Podemos empezar poco a poco, repartiendo las actividades entre los miembros de la familia y colaborar entre todos; los niños y las niñas están dispuestos a aprender si se les enseña con cariño y paciencia, y qué mejor momento que el de “cuidar a la mascota” para que los adultos seamos buenos modelos de aprendizaje.

Claro que no es tarea de un día, pero como tampoco lo es la educación de los niños y niñas, por ello debemos saber que todo esto es un proceso. Habrá días que no podamos seguir las rutinas, o semanas que “tengamos poco tiempo”, precisamente por eso, si los incluimos en las tareas aprenderán lo importante que son todas estas rutinas diarias, que los adultos muchas veces hacemos por ellos. Así, se convertirán en los protagonistas de su propio aprendizaje.

 

Elena Lozano Roldán.

Psicopedagoga.

Experta en Intervenciones Asistidas con Animales.