Hoy me gustaría compartir mi sentir respecto al hábito de sentirnos. Ese tiempo que dedicamos a sentirnos de verdad. Ese tiempo que dedicamos en nuestro día a día a pararnos para vernos por dentro igual que nos miramos al espejo antes de salir de casa para vernos por fuera.

Hace tiempo que fui integrando en mi vida el hábito de sentir mi cuerpo y mi respiración. Al principio fue de forma organizada y disciplinada, me ponía un horario para realizar mi práctica de yoga y respiración y lo cumplía sí o sí. Poco a poco esa disciplina se fue integrando en mi vida como un hábito más, como el sentarme a comer, el asearme o irme a dormir. Hasta el punto que se ha convertido en una necesidad básica más para poder vivir de forma saludable y consciente.

Veo en las personas que llegan a las clases de yoga, no en todas, pero si en la mayoría, esa necesidad de disponer de un tiempo para uno/a mismo/a. Y eso es lo que nos suele llevar a la práctica de yoga, la necesidad de volver a conectarnos con nosotros/as mismos/as. A veces es a través de una dolencia física o emocional a la que no hemos prestado atención, a veces es la necesidad de estirarse y relajarse. Sea cuál sea el síntoma, en el fondo se aprecia una desconexión con uno/a mismo/a en algún aspecto de nuestra vida.
Y me surgen preguntas al respecto: ¿Cuándo nos desconectamos de nosotros/as mismos/as? ¿Por qué llegamos a ese punto? ¿Por qué nos dejamos llevar por un ritmo de vida tan hacia fuera, tan impersonal? ¿Por qué nos cuesta tanto pararnos y sentirnos? ¿A qué tenemos miedo?… y tantas otras preguntas que me han ido surgiendo en estos años de profundización en mí misma y a las que he ido tratando de dar respuesta.

Creo que es importante que cada cual pueda pararse un ratito cada día, un ratito pequeño, a mirarse, a sentirse. Luego te das cuenta que el CUERPO, así en mayúsculas, entendido como la unidad de uno/a mismo/a (parte física, mental, emocional y espiritual) es muy agradecido, con un poco de atención que le dediques te ofrece muchísimo.

Párate un rato, aunque solo sea a sentir como entra el aire por la nariz y como sale, sin más pretensión que sentir el aliento de vida que corre por nuestro cuerpo y lo hace funcionar. Aunque solo sea sentir el alimento que entra en tu boca y saborearlo como si fuera la primera vez que lo pruebas.
Siento que es sencillo, que simplemente con bajar al cuerpo, a sentirnos, primero físicamente y después ya iremos profundizando si queremos, nos permite darnos una oportunidad de conocernos y conectarnos de una forma tan simple y profunda que no necesita nada más que un poco de tiempo, un minuto en las veinticuatro horas de tu día. ¿Puedes dedicarte un minuto?

Siento que no hace falta ir a un super maestro/a de yoquesequé a que me enseñe nosequé postura o la super técnica maravillosa que te cambia la vida. Puede que necesitemos herramientas, orientación u apoyo en un momento dado de nuestra vida, pero nada ni nadie te va a solucionar o cambiar la vida.

La cuestión no es que te cambie la vida, no quiero cambiar mi vida!!! La cuestión es cambiar la mirada, deja de mirar afuera y mira a tu vida, mira hacia ti mismo/a. La cuestión es conocerse y aceptarse. Saber e integrar que cada uno tenemos un camino que recorrer, unas experiencias que vivir, unas situaciones que afrontar, que no son mejores ni peores que las de mi vecino, son las mías, es mi vida. Y mi vida depende de mí, tu vida depende de ti. Vivimos a través del cuerpo, de la mente, de nuestros sentidos y nuestra capacidad de vernos y sentirnos.

Si no somos capaces de vernos y sentirnos, sufrimos, no podemos pretender vivir una vida feliz, sana, alegre si no hay presencia hacia nosotros/as mismos. Párate un momento cada día y siente los pequeños detalles que hacen que tu vida sea como es, siente tu respiración, siente el alimento que ingieres, mira a tus hijos/as, mira a tu mujer o a tu marido, siéntete en tu trabajo diario, párate a sentir cómo estas en cada pequeño espacio de tu vida. Sólo cuando te permites verte a ti mismo/a y reconoces cómo estas puedes valorar lo que la vida te está ofreciendo y, sólo entonces tendrás la capacidad de tomar la decisión de cambiar lo que sea necesario o fortalecer aquello que estabas descuidando.

La cosa suele ser muy sencilla, tanto que no la vemos. Simplemente es cuestión de llevar la mirada hacia lo que importa de verdad, y lo que importa es uno/a mismo/a. Saberte valioso/a y ver el sentido de tu vida en los pequeños detalles que la conforman, es cuestión de simplificarnos y ver la vida en su expresión, como la flor que simplemente despliega sus pétalos cada mañana y recibe lo que el clima le ofrece ese día, sin que, el que sea rayo de sol o gota de lluvia lo que le espere, afecte a su naturaleza de florecer cada día con su mejor aroma.